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Hábitos repetitivos
Los trastornos en los hábitos tales como: rascarse la cabeza, chuparse el pulgar, morderse las uñas, arrancarse el cabello, rechinar los dientes, la masturbación y los movimientos involuntarios de varios grupos musculares (espasmos o tics) pueden considerarse como fenómenos de descarga tensional.
Todos los niños muestran en las diferentes etapas de su desarrollo, determinados movimientos repetitivos que pueden describirse como hábitos; el considerarlos como trastornos dependerá del grado en que interfieran con las funciones del niño, emocional o socialmente.
Algunos modelos de hábitos se aprenden por imitación de los adultos. La mayoría comienza como un movimiento que, por alguna razón, comienza a hacerse repetitivo; el hábito pierde su significado original y se convierte en un medio útil para descargar las tensiones emocionales acumuladas. Por ejemplo, un adulto presenta irritación ocular y parpadea varias veces, el niño lo imita y esta actividad puede hacerse repetitiva e incorporarse a sus conductas habituales, como un escape a sus tensiones.
El infante que se siente descuidado y falto de contacto o cuidado familiar puede remarcar estos movimientos para atraer la atención de sus padres u otros adultos.
Chuparse el pulgar o cualquier otro dedo, es normal en la primera infancia, pero al niño mayor le hace parecer inmaduro y además interfiere con la correcta alineación dental. Lo mismo que con otros hábitos, este constituye una manera de asegurarse autosatisfacción adicional, llamar la atención o descargar tensiones.
Los Tics o espasmos habituales son movimientos repetitivos rápidos, siempre similares, repentinos, sin función aparente. La coordinación y el tono muscular no se ven afectados y con frecuencia es fácil observar un origen psicológico. Se presentan con una frecuencia de 12 a 24% de los niños en edad escolar y son transitorios, duran un período de un mes a un año y raramente necesitan algún tipo de tratamiento.
Las partes del cuerpo más frecuentemente implicadas son los músculos de la cara, cuello, hombros y manos. Suelen consistir en muecas tales como morderse los labios, sacar la lengua o parpadear constantemente.
Los tics son siempre autolimitados y, cuando no se les presta importancia o se ignoran se logra disminuir su frecuencia. La atención desmedida por parte de los padres suele reforzarlos; cuando se les presta atención, pueden desaparecer para luego ser reemplazados por otros que pudieran resultar peores.
Consejos:
1) Interésese por su niño y bríndele otras satisfacciones.
2) Elogie y anímelo si observa que se esfuerza activamente en abandonar su hábito.
3) Reste importancia o ignore estas conductas en lo posible, mientras incentiva otros aspectos más positivos del niño.
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