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Guarderias infantiles
Desde su nacimiento, hasta los cinco años, un niño se considera el miembro más vulnerable de la familia a causa de su incapacidad para expresarse, decir con claridad lo que le molesta, y reclamar sus derechos.
Desde su nacimiento, hasta los cinco años, un niño se considera el miembro más vulnerable de la familia a causa de su incapacidad para expresarse, decir con claridad lo que le molesta, y reclamar sus derechos.
Hoy en día, el porcentaje de mujeres que trabajan fuera de sus hogares ha incrementado. Una gran cantidad de padres se ha visto en la necesidad de inscribir a sus hijos en guarderías infantiles, para poder cumplir con sus responsabilidades laborales; es allí donde los dejan al cuidado del personal capacitado para que los atiendan y cuiden, además de proporcionarles la educación básica y necesaria en sus primeros años de vida.
Es un hecho social común e irreversible el trabajo de la mujer actualmente. Muchas veces se presenta la necesidad económica de salir a ganarse la vida, tanto como sostén familiar o como aporte y complemento al salario del marido. Sin embargo, en algunos casos, aún cuando no existen estas condiciones, la mujer siente la necesidad de salir a trabajar fuera del hogar para satisfacer un deseo de independencia y superación que la ayuda a realizarse como persona.
La idea de poder dejar a sus hijos en un lugar donde los vigilarán y además los ayudarán en su proceso de desarrollo de aprendizaje da la posibilidad a los padres de trabajar en lo que desean, sin preocupaciones y con la tranquilidad mental de que los niños se encuentran bien atendidos; lo que producirá, a su vez, una mayor eficiencia y mejor rendimiento en sus trabajos.
Además de “guardar” niños, estas guarderías deben cumplir con ciertas condiciones como asegurar una alimentación balanceada que cumpla con las necesidades nutricionales de cada niño, inculcar en cada uno los hábitos higiénicos y cuidados personales, estimulación y motivación profesional para su desarrollo, impulsar la iniciación de las relaciones interpersonales en el niño y siempre mantener un clima armonioso y afectivo para así proporcionarle un desarrollo emocional estable; todo esto además de la parte técnica en la que se le debe ofrecer al pequeño la posibilidad de ir aprendiendo ciertas destrezas necesarias para facilitar su ingreso y adaptación al preescolar.
Es básico y necesario que el niño se desenvuelva en un ambiente emocional cálido y cariñoso para que, posteriormente, esto influya de manera positiva en su personalidad; así como también una atmósfera hostil, que conlleva experiencias negativas, no aportará ninguna cosa buena al desarrollo de la misma. El contexto en que un niño se maneja en los primeros años de su vida y su influencia a largo plazo ha sido tema de numerosos estudios, y se ha comprobado que aquellos que no tuvieron una crianza (institucional) personalizada, con falta de dedicación individual, de estímulo y afecto, agregando además carencias materiales, desarrollaron aspectos negativos en el proceso de formación de su personalidad.
Por su parte, el clima que reine en el hogar también tiene mucho peso. El cansancio de los padres a causa del excesivo trabajo puede hacer que se “distraiga” la atención de ciertos aspectos en el niño, por lo que las guarderías podrían constituir un punto de equilibrio en el que se le proporcione un mejor cuidado en aquellas áreas que se han descuidado en su hogar.
No es fácil para un niño separarse de su madre para pasar varias horas en la guardería, rodeado de gente que considera “extraños”. Estas experiencias suelen generar, en muchos casos, angustia en el pequeño. No obstante, según serios estudios de investigación, estos efectos nocivos pueden disminuirse llevando cosas conocidas para ellos como juguetes, fotos de los padres, llamándolos por teléfono, entre otros detalles que les puedan ser familiares. Por supuesto, siempre contando en la guardería con un personal entrenado para comprender y solventar la situación.
Es muy común que al entrar a estos centros de cuidado los niños se conviertan en entes potenciales de recepción, con mayor facilidad, de cualquier enfermedad infecto-contagiosa, debido al continuo contacto con sus compañeros; además, hasta los cinco años su sistema inmunológico no está completamente desarrollado.
Existen factores externos que influyen en la propagación de estas infecciones: la mayoría de los niños comprendidos entre esas edades no controlan esfínteres, por lo cual la presencia de pañales “sucios” constituyen una fuente de transmisión; el hecho de que “conozcan” el mundo a través de la boca, introduciendo en ella todo lo que encuentran, facilita el contagio de virus y bacterias; algunos niños asisten a la guardería sin haber completado su esquema primario de inmunizaciones, lo que les podría causar ciertas enfermedades y a su vez contagiarlas a los demás, un ejemplo de ello podría ser la comúnmente conocida Lechina; un personal mal capacitado para manejar una guardería que no reconoce debidamente las normas de higiene; el recibir más niños de los que el acondicionamiento del lugar les permite, lo que produce que no puedan ser atendidos adecuadamente o que las instalaciones de las guarderías no cumplan con los requisitos sanitarios básicos para su mantenimiento.
Reina A. Benitah/redaccion@pediatria24.com
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