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Control de esfínteres, algo más que dejar los pañales

Forzar al niño para obtener resultados rápidos podría frustrar el proceso de entrenamiento.


Controlar los esfínteres es una condición social básica y necesaria que toda persona debe aprender desde temprana edad. No obstante, el proceso de abandonar los pañales para un niño no es tarea fácil; requiere de apoyo, tiempo y sobretodo comprensión por parte de los padres, quienes no deben forzar o presionar al infante antes de que esté listo, ya que ello podría producir dificultades a largo plazo y ocasionar, por ejemplo, estreñimiento.

No existe una edad específica en que el niño debe dejar los pañales, son sus características particulares en cuanto al desarrollo físico y psicológico las que indicarán el momento preciso para dar inicio a este entrenamiento. Hasta los 12 meses no poseen ningún tipo de control sobre los movimientos intestinales ni de la vejiga; sin embargo, de allí hasta los 18 meses aumenta un poco (el control), pero no en gran medida.

A partir de los 18 meses el niño comienza a dar señales de que ya está listo, no obstante, muchos no lo están hasta los 30 meses y más, y no por eso son considerados casos “anormales”. No se trata exclusivamente de que fisiológicamente el pequeño esté preparado, existen muchos factores que influyen en este proceso; es importante el aspecto emocional, el deseo que tenga de lograrlo y que no tema de hacerlo, por eso, se recomienda esperar un tiempo más si su niño se niega reciamente a hacerlo.

Si surgieron o, en un futuro cercano, surgirán cambios importantes dentro del núcleo familiar, es preferible postergar el entrenamiento para “aprender a ir al baño”. Una mudanza, un nuevo hermanito o alguna crisis ocasionada por enfermedades severas o muerte en parientes, por ejemplo, son motivos de inestabilidad emocional en el niño. Por el contrario, si su niño a pesar de estas situaciones especiales está aprendiendo sin problemas, no es necesario detener el proceso.

Es básico para un padre mantenerse relajado y no molestarse, ya que nadie tiene la capacidad de prever dónde ni cuándo un niño decidirá hacer sus necesidades.

A todas estas, la pregunta clave es: ¿Cómo sé cuándo mi hijo está listo? Pues, debe observar varias cosas: si se mantiene seco 2 horas, como mínimo, durante el día o después de las siestas; el horario de sus evacuaciones es regular; sus expresiones faciales, posturas o palabras insinúan su necesidad de orinar o evacuar; les es incómodo andar con pañales sucios y pide a menudo que lo cambien; pide utilizar la bacinilla o pide que lo vistan con ropa interior “como los grandes”.

Las palabras que utilice para describir las diferentes partes del cuerpo, la orina o las heces fecales son fundamentales a la hora de ayudar a su niño. Evite un vocabulario que pueda avergonzarlo, decir “sucio” o “asco” son términos negativos que pueden abochornarlo, ya que existen otras personas que lo cuidan como profesoras, que también escucharán estas palabras. Mayormente, es recomendable utilizar un vocablo sencillo y simple que no resulte confuso para el infante. No debe alarmarse si el niño juega con sus desechos, ya que es parte de la curiosidad que genera la edad, evite hacerlo sentir mal y simplemente hágale saber que “con eso no se juega”.

Por otra parte, los inodoros infantiles son una buena manera de incitarlos a dejar los pañales, ya que les resultan más fáciles de utilizar, debido a que pueden sentarse sin dificultad gracias a la adecuación del tamaño. Ellos aprenden, en muchas ocasiones, imitando las conductas de los adultos, es por eso que se recomienda en algunos casos permitirles entrar cuando acuden al baño, ya que verlos utilizando el inodoro puede motivarlos a hacer lo mismo.

A menudo los niños avisan que el pañal está húmedo o sucio después de que ya hicieron sus necesidades. Así lo haya anunciado cuando el pañal ya estaba “lleno” y no antes, es un signo de que comienza a reconocer estas funciones corporales; en estos casos muéstrese orgulloso, felicítelo y de una manera agradable dígale que le gustaría que le avisara antes hacerlo.

Normalmente, antes de evacuar, los niños emiten gruñidos u otros sonidos, o dejan de jugar en el instante y es esencial para un padre aprender a reconocer la situación, ya que al darse cuenta, puede explicarle que es momento de ir al inodoro, llevarlo a que se siente y acompañarlo hasta que lo logre; sin embargo, si su niño se resiste es mejor no presionarlo, eso significa que aún no está preparado. Las visitas a la bacinilla deben ser tener un tiempo, es decir, ser rutinarias al levantarse, después de comer o luego de una siesta para ir creando el hábito y reforzar su aprendizaje.

Así como se les enseña el hábito de ir al baño, es tarea de los padres inculcarles a sus hijos hábitos higiénicos como (en el caso de las niñas) la manera de limpiarse, de adelante hacia atrás para no transportar microbios del ano hacia la vagina, lavarse las manos o bajar el agua. Con respecto a esto último, muchos niños temen ser “succionados” por el inodoro, ya que sienten a sus heces parte de ellos y los atemoriza verlas “perderse” en el agua. Lo mejor en estos casos es explicarles que por allí se van los desechos que el cuerpo no necesita e incitarlo a que él mismo baje el agua y sienta el “control” de la situación.

La comida que se le da es sumamente importante, una dieta balanceada con frutas y fibras ayudará a producir heces blandas, lo que facilitará el entrenamiento del niño. No todos los niños evacuan con la misma frecuencia, algunos lo hacen 2 o 3 veces por día, otros, por el contrario, lo hacen cada 2 o 3 días. No es recomendable utilizar supositorios a menos que su pediatra de confianza se lo indique.
En general, de los 3 a 4 años de edad la mayoría de los niños logran controlar sus necesidades de día, sin embargo, obtener el mismo resultado por las noches puede tomar más tiempo, refiriéndonos a meses o quizá años. Después de los 5 años es posible que logren despertarse sin mojar la cama.

La motivación es lo más importante para que el niño se sienta seguro y feliz del paso que está dando; no es aconsejable forzarlo a obtener resultados rápidos, mas bien ofrézcale todo su cariño y demuéstrele su orgullo felicitándolo cuando tenga éxito. En el momento en que ocurra “un accidente” réstele importancia y evite los reproches y castigos que al final no aportarán nada.

Reina A. Benitah/redaccion@pediatria24.com

2 comentarios

  1. Tengo dos nietos 9 /10 anos de diferentes padres padres osea de hijos de madre y padres diferentes, y no controlan la efintere.ademas de los tratamientos psicologicos q se le aplicaron s todabia,lo cual es preocupante aunq unos de los padres padecio de lo mismo y se le dio tratamiento al tener 7 anos y no dio resultado, fue dosificado con una droga q se supone daba el alerta al cerebro y otro tratamiento q en ese entonces llamaban el ruso, q consistiA EN NO DARLE AGUA DESPUES DE LAS 6PM Y en darle comida salada antes de dormir,no funciono, se le quito de grande como de 15 anos esto sera genetico o de personalidades parecidas, me encantaria un comentario.muy agradecida de antemano por esta ppagina ten estraordinaria q ha creado espero seguir consultandola graciaa GRACE

    Comentario por GRACE —

  2. [...] Control de esfínteres, algo más que dejar los pañales [...]

    Pingback por Pediatra Consulta » Abandonando los pañales

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